lunes, 16 de noviembre de 2009

Portería vacía

Rescato la pelota del fondo de la red, y con ella de nuevo entre las manos, salgo de la portería. Jugar al fútbol solo no es divertido, pero cuando nadie quiere jugar contigo, es el único remedio. No es que no tenga amigos, ni que sea diferente a los demás; mi problema es que siempre meto gol. Algunos pensarán que es algo bueno, pero el resto de chicos se han hartado, ya nadie quiere ponerse bajo los palos, ni echar un partido contra mí.


Durante un tiempo, traté de hacer lanzamientos menos precisos, pero era imposible: tras fallar un par de veces, mi subconsciente me hacía volver a mi yo goleador.

Golpeo con fuerza la pelota, y tras golpear en el larguero, vuelve a introducirse en la portería. La red se agita y frena el balón, que rueda hasta quedarse sobre la línea. Lo miro fijamente, y comienzo a caminar hacia él, pensando que tal vez algún día encuentre al niño que mejor juega como portero, y sea él el que me devuelva el balón desde esa misma línea.

2 comentarios: