martes, 10 de noviembre de 2009

Recuerdos

El bidón estaba preparado, justo en el centro del garaje. Abrieron las ventanas y destaparon la gran abertura del techo. Sentados a su alrededor, un grupo de chicos y chicas aguardaban sentados.


-Podemos empezar –dijo uno de ellos.

Uno a uno, por turnos, fueron levantándose y acercándose al recipiente metálico. Cada uno de ellos arrojó dentro fotografías, cartas, y algunos objetos. Rociaron gasolina sobre ellos, y lo prendieron todo con una cerilla. Las llamas comenzaron a devorar el contenido, convirtiéndolo en cenizas y humo que desaparecía por las ventanas, extinguiéndose en la noche.

Aplaudieron y rieron. Conectaron el aparato de música, abrieron las botellas, y empezó la fiesta. La fiesta que suponía su cambio de vida. Una fiesta alumbrada exclusivamente con el fuego en el que ardían sus recuerdos, avivado de vez en cuando con vodka y tequila. Bebieron y bailaron, hubo pasión y desenfreno, hasta que todos cayeron invadidos por el cansancio y el acogedor calor desprendido por el bidón.



El bombero sale de la casa, y se dirige al oficial.

-Hemos encontrado el foco del fuego. Al parecer quemaron algunos documentos en un recipiente, usando gasolina o algún otro combustible.

-¿Hay supervivientes?

-No señor, los nueve cadáveres están totalmente carbonizados.

-Muy bien, que se encargue la policía ahora.

El resto de bomberos se reúne en el camión, y se alejan de allí pasando entre la multitud de curiosos que se agolpan en la verja de entrada a la casa. Vuelven a la central, y allí se preparan para el cambio de turno. Algunos van a tomar una cerveza; otros a casa, donde su mujer, o tal vez su perro, esperan su llegada. Pero todos se tumbarán en su cama pensando que nueve jóvenes carecen ya de futuro.

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